lunes, 23 de marzo de 2015

Bang Bang en la habitación.

En el pleno aposento de la cuidad de Chicago, que yacía hundida de miles de transeúntes haciendo sus labores cotidianas como cualquier otro día. Nadie podría imaginarse que el cortejo escolar que acompañaba a Bonnie, una estudiante de apenas 14 años, se dirigían hacia su miseria, caminado por las coladeras fétidas con olores desagradables como azufre que emanaban como fumarolas de volcán, roedores corriendo por sus vidas en los costados, mujeres con labios exageradamente rojos y vestidos que parecían asfixiarlas, gritos de todas personas en diferentes tonalidades diciendo palabras altisonantes, ¿Qué hacían un grupo de adolescentes en un lugar así? Bueno, pues nada, realmente así se pintan las calles de Chicago en estos días, exceptuando la zona de adinerados al norte de la cuidad donde nos podemos encontrar con un paraje completamente distinto.

Continuando su recorrido por las que parecían desagradables calles ambientadas, Bonnie y sus 3 amigos se percatan de que han llegado a un lugar sin salida, en los edificios este de la calle Noruega, desorientados se miran unos a los otros sin saber qué hacer, no habría problema alguno si se encontrasen solos pero este no es el caso. 

Alto,  complexión robusta pero no gorda, cejas gruesas, un aspecto que te es difícil de ignorar, amenazante, ropa rasgada y olor a lo que parecía ser pasto quemado, con dos AK-40 a los costados del pantalón, se les acerca, los mira, evalúa y se da cuenta de que probablemente todos tengan la misma edad, los ojos de arriba abajo en cada uno de ellos pero se detiene en Bonnie, se les acerca como si se tratase de un tigre asechando a una in defensa gacela y dice –Se ve que ustedes no son de aquí, no quiero saber el por qué un grupo de ilusos ronda por estos rumbos lo único que quiero es sus pertenecías que mami y papi les compran, todo al costal ¡No tengo tiempo para imbéciles, rápido!

Es entonces donde el tiempo se detuvo, Bonnie solo observa como aquel individuo saca la pistola y acomoda los diminutos y mortales casquetes, observa las caras de preocupación de sus acompañantes ¿Qué haría una chica de clase media, 1.65mts de estatura, castaña, delgada? Pues nada. solamente en pensar el por qué de la situación y de las miles de veces que había cruzado esos rumbos sin ningún riesgo, en cómo poder quitarle el arma a ese individuo que le parecía algo obsoleto, en cómo le haría para cuidar la cadena que le había regalado su padre antes de dejar a su madre, muchas cuestiones le llegaban a su pequeña cabeza, siendo sincero no sabría qué hacer en su lugar pero ella dejó un lado la razón y se abalanzó sobre él, apunto de disparar al pecho, un fuerte abrazo, lo suficientemente fuerte como para hacerle tirar el arma.

Con una bala mal dirigida, con nuevo destino al ventanal del balcón de los residentes de aquella zona, un abrazo tan fuerte que juntó las piezas que el mismo desamarró, un abrazo a alguien que parecía ser desconocido, consternados ante esto los demás corrieron sin esperar respuesta de alguna parte, corrieron despavoridos. 

Con la mano todavía en el aire, con un gesto, sin saber qué hacer ante una situación que nunca había experimentado en toda su corta vida como asaltante de primera ¿Quién quiere un héroe que salve el día? Un abrazo basta, ella lo soltó, ambos se miraron sin saber qué hacer, Bonnie reaccionó por instinto, y que instinto tan extraño, es decir cuando alguien a quien nunca en la vida te has encontrado te apunta con una arma te apunta tienes 2 opciones, enfrentarlo y correr el mayor riesgo o ceder ante sus órdenes, no abrazarlo, con una mirada desconcertada  se dirige a él -¿qué te sucede? A lo que ella contesta –No lo sé, simplemente pensé que sería buena idea, es decir el amor le da fin a las guerras. 

Iracundo ante las palabras de la chica se aparta, toma su pistola, se  abstiene de cualquier acción y da la vuelta, ella, quien internamente estaba muriéndose de la pena se encuentra sola en el callejón y es ahí donde se da cuenta que los acontecimientos pasados trajeron consigo atención indeseada, los vecinos parecían haber llamado a la inútil pero necesaria policía local, así que opta por salir del lugar sin cuestionar  más nada. 

Corriendo entre las calles, tan confusas, años de pasar por el lugar que en unos momentos se transforman en una crisis de nerviosismo, la falta de atención la lleva a un lugar el cual sólo había visitado una vez en su estancia en la cuidad, dejando atrás la latente preocupación por no querer ser atrapada por los vecinos o por que la patrulla la  rodee, se da la media vuelta y respira una bocanada lo suficientemente fuerte como para tranquilizar un poco el palpitar de su corazón, siente que la miran, una mirada, busca entre las vías del tren de donde proviene, llega a su destino y no es nada más que el mismo que la había abandonado y sacado de su pensamiento.

Nuevamente, ella opta por acercársele, pareciera que el concepto de ‘’no quiero saber ya más nada de ti’’ no le había quedado claro, prosiguiendo su paso, mirándolo directamente a sus ojos continúa dando pasos hacia él, frente a frente, sin nada que perder más de la cuenta la pequeña Bonnie se acerca y le dice -Mira, lo que pasó hace un momento no fue cuestión mía solo fue una reacción hacia lo que tu hacías, no quería meterte en más problemas ¿Qué te parece si iniciamos de bueno y esta vez bien?¿Cómo te llamas? a lo que él contestó  -No te diré mi nombre, sería demasiado, pero dime Señor R, mis asuntos no los trato con alguien como tú, la típica niñita de ‘’papi paga todo’’ solo das pena, y he de apostar que ni siquiera sabes dónde estás y solo te acercaste para que te regrese.

 -Se perfectamente dónde estoy y me acerqué por que tu caso me da mucha pena, que alguien como tú, de mi edad porte un arma y no estudie, es decir, la cuidad está hundida y en lugar de querer sacarla adelante optas por el camino fácil queriéndote hundir con ella, simplemente debo decir que me das pena.

Sin decir más, Señor R y Bonnie caminaron de regreso a aquel callejón, teniendo una placentera platica entre ellos, no era amor, simplemente una sensación de hogar, como si esa persona la conocerías de toda la vida, tema nunca les hizo falta, camino corto en su defecto, caminaron lento y a la par el uno del otro, nunca tropezaron, una plática común y corriente, miradas fijas el uno sobre el otro, era una fiesta de química a nivel sentimental, es como algo extraño y al mismo tiempo interesante, al llegar notaron que solo fueron diez minutos.

Diez minutos que parecieron para ellos como toda una tarde de café, se dieron la información fundamental, la necesaria, argumentaron varias cuestiones entre ellas, su familia, sus respectivas situaciones, lo más extraño es que él nunca dio su nombre, el simple hecho de caminar por las polvorientas calles que parecían hechas de papel le causó un efecto tan fuerte, un día descabellado para ambos, llegaron a su destino estaba ya por atardecer, no se querían ir, se podía notar en sus expresiones, querían quedarse más tiempo, dos personas queriendo conocerse y no de una manera común, un acontecimiento que, ante los ojos de Chicago, es completamente normal.

Al día siguiente en la escuela de Bonnie, sus compañeros no paraban de comentar y cuestionarla sobre los acontecimientos, atosigada y agobiada, ella esperaba un poco de comprensión por parte de sus amigos, resultando todo lo contrario. Pasaron las horas y todo parecía correr como de costumbre, el transporte público ya estaba ahí listo para recoger a los estudiantes y dejarlo en rutas cercanas a su casa, al ser un servicio gratuito era de esperarse.

El señor R con un aspecto más agradable le cerró la cerradura del camión así impidiendo el paso a Bonnie para abordar al camión. El conductor les dijo –Déjense de tonterías, la muchedumbre tiene sueño, quieren dormir y si ustedes no, es su problema y no estorben. Ambos sin más que hacer se saludaron como de costumbre. -¿Cómo me encontraste? Dijo Bonnie. –No, tú me encontraste a mí y ahora quiero saber más de ti, no te vas a deshacer de mí, lo siento por tu caso.


Entonces más palabras, más allá de la derecha, morir por su amor, más allá de la vida dulce como una pieza de Jesús, más allá de hielo, no les me importa si les dan lo único que tienen es toda una vida de si, como los opuestos se atraen, lo que al principio no tenía forma alguna, terminó por transformarse en algo completamente opuesto, se enamoró con el malo, el chico malo con un pasado hundido en miserias, ella era una chica buena hasta después de conocerse. 

Celebran su unión, vestidos de blanco, mientras se hunden en un solo cuerpo pueden escuchar las patrullas rondar, armas bañadas en sangre ajena e inocente, ya no hay vuelta atrás, ninguno de ellos dos, ni Bonnie ni Clyde piensan ceder, cuando ellos están uno con el otro no hay nada que perder, ¿Quién quiere un cuento de hadas que hable de amor? De todos modos sabemos a dónde terminan. 

Mami y Papi van por vigésimo golpe de estado y esta vez primero van a comenzar por "LaSalle Bank National Association"; si crecer bajo los últimos suspiros de la gente que mis padres decoran a su gusto con casquetes calibre 50, o ser alimentado en una patrulla por mis tíos con sus supuestas amigas y únicos amores ‘’Blanca Nieves y Mary Jane’’ o juguetear con mis amigos imaginarios que mami y papi tenían amarrados al sótano, bueno al final terminaban por dormirse para no despertar hasta el tercer día, diez años, me llamó John Herbert Dillinger y para mi pequeño pero interesante juicio espero no seguirles la pista a mi papás, la vida es más que matar y robar dinero. 

-Neni de 38


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