domingo, 22 de marzo de 2015

Sombra Sobrante

Ahí estaba yo, encerrado entre cuatro paredes de tablaroca sin nada más que hacer que ordenar papeles y mantener a todos dentro del margen que se nos había establecido. No podía seguir con eso, yo sabía que no era correcto hacer que todos los demás actuaran y pensaran de la misma manera, tenía que hacer algo al respecto. Me enfermaba el ver todo lo que estábamos haciendo con nuestros hermanos, pero lo que realmente me hacía sentir asqueado y horrible, era el hecho de que yo supiera lo que estaba pasando y no estuviera haciendo nada para detenerlos.
Finalmente llegó el día, ya no pude resistir más, sabía lo que quería, sabía que era lo que estaba buscando, y por qué lo estaba buscando. Quería que las cosas volvieran a ser como en el año de 2016, cuando las personas aún podían decidir qué hacer, quienes ser, podían decidir qué ser. Desesperado me levanté de mi asiento y soltando un grito como nunca antes lo había hecho comencé a correr a la salida más cercana, recorrí el pasillo del edificio, un enorme corredor de más de 70mts de largo en el que lo único que se alcanzaba a ver eran paredes de tablaroca, estaba a punto de salir, podía oler ese aroma fresco y agradable que solamente la vegetación del exterior tiene.
Pero mi paso se vio rápidamente bloqueado por un par de guardias de seguridad, enormes, corpulentos y con una expresión de odio en su rostro, habían sido diseñados así desde el vientre de su madre, una más de las abominaciones que ya se hacen en estos días. No me detuve a dialogar con ellos, sabía que sería inútil, por lo que hice lo que cualquiera en mi situación hubiera hecho, golpee con todas mis fuerzas el estómago de uno de ellos, dejando descubierta su cabeza, por lo que inmediatamente golpee una de sus sienes y fue todo, estaba muerto ahora, justo cuando su cadáver golpeo el suelo hice lo mismo con el otro, no tuvo oportunidad siquiera de maldecirme. Ahora solamente me quedaba una cosa por hacer, correr a casa.
Al salir lo que vi me dejó sin palabras, mi rostro estaba por todas partes, era increíble, no pasaban ni diez minutos desde el momento en el que dejé mi lugar y ahora todos me estaban buscando, oficiales y civiles por igual. Las TFM500, máquinas con aspecto de perro de caza que pueden rastrear e inmovilizar un blanco a cincuenta kilómetros a la redonda de su posición, estaban trabajando a su máxima potencia para poder encontrarme, no tenía otra opción, tuve que comenzar a moverme por los tejados, el único lugar que no era vigilado todo el tiempo.
Cuando llegué a mi casa comencé a desear no haber salido nunca de mi lugar en la oficina, noté que en el suelo había una pequeña nota que me pedía ir a la cocina, al entrar por la puerta de la misma sentí que iba a morir, pude contemplar los cuerpos de mi familia postrados en el suelo, los cadáveres de mi esposa y mis dos hijos tenían un corte en el cuello y sus extremidades habían sido separadas de sus torsos. Desesperado lancé un rito a cielo, sabía quién había hecho esto y estaba completamente decidido a acabar con él.
Unos momentos después estaba listo para partir, me arme con mis mejores armas de contacto y corto alcance, besé los cuerpos de mi esposa y mis hijos a la par que les prometía que los vengaría, les prometí acabar con la vida de quien les hizo eso. Así comencé mi búsqueda de venganza y libertad, mi primera parada fue una taberna muy frecuentada por policías y caza recompensas, el lugar daba asco, un aroma a inodoro con medio año sin lavar inundaba el establecimiento completo, además de que la iluminación era tan mala que solamente un gato podría ver ahí dentro.
Pero cuando llegué lo que menos me importaba era el olor del lugar, tenía que hablar con Zack, la escoria de la ciudad, un policía que solamente se dedicaba a trabajos sucios, aquellos que nadie más quería hacer, no por nada lo habían bautizado como The Murderer Zack. Estaba seguro que fue él quien asesinó a mi familia, pero sabía que no lo había hecho por pacer, alguien le pagó para que realizara el trabajo, después de todo, Zack era más un mercenario que un policía.
Mi charla con él fue corta, no necesité mucho para hacerlo habar, bastó con cortar ocho de sus diez dedos de las manos para que comenzara a darme los nombres de aquellos que lo contrataron, una vez que me aseguré de que me haya dicho absolutamente todo lo que sabía desenfundé mi arma y le enterré una bala en medio de los ojos, ya no me era útil y no me podía arriesgar a que dijera algo sobre mí a sus superiores.
Uno a uno fueron cayendo las personas que Zack mencionó, cada muerte me acercaba más al premio mayor, la persona que me estaba buscando y el principal responsable de la muerte de mi familia, Martin McStephens, el hombre más poderoso de esta tierra. Acabé con cada uno de sus cabecillas hasta llegar con su mano derecha, Lucas Stevens, sabía lo que tenía que hacer y no pensaba fallar, no en esta ocasión.
Entonces llegué a su oficina, estaba tan cerca que casi podía oírle hablar con alguien, por el teléfono, en ese momento lo peor ocurrió, una flecha atravesó y desgarró mi muslo derecho, antes de poder siquiera gritar una segunda flecha apareció y me deshizo el muslo izquierdo, estaba inmóvil, intenté alcanzar mis armas pero antes de llegar a ellas un par de balas me destrozaron los brazos, estaba indefenso ahora, levanté la mirada a la par que gritaba de agonía, solamente pude reconocer la sombra de un gran hombre levantar un mazo y lanzarlo hacia mí, luego de eso, oscuridad.
Y así es como llegué aquí, estoy amarrado a una silla son poder moverme, a lo lejos distingo las sombras de McStephens y Stevens, los oigo discutir acerca de que es lo que harán con migo, un veredicto se alcanza a escuchar de manera muy tenue, han decidido que lo mejor para todos es terminar conmigo de una vez por todas, una decisión racional, supongo.
Entonces este es el fin, la sombra del gran hombre vuelve a aparecer en la habitación, pero esta vez no está sosteniendo un mazo, trae entre manos un arma de fuego, lo veo cargarla y apuntar hacia mí, lo único que me queda es cerrar os ojos y esperar lo inminente. Ta vez este viaje no fue en vano después de todo, la mala noticia es que no logré cambiar nada, pero la buena es que al menos podré volver a estar con mi familia, no puedo esperar para verlos de nuevo.
-Razor
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